miércoles, 20 de julio de 2011

Algún día…(Lima en el 2025)

Este es un pensamiento en voz alta y producto de un intercambio de correos con un miembro de la cuenta Metro de Lima. Aquí les va:

Luego de muchos años, la ciudad de Lima posee algunas líneas de metros, constituidas principalmente por trenes híbridos, los que dentro del casco urbano logran una velocidad comercial de 40 kilómetros por hora, pero en las cercanías (Chosica, Ancón, Pucusana, etc), puede viajar a velocidades que superan los 80 kilómetros. Cada tren híbrido puede transportar hasta 450 pasajeros.

Los teleféricos en los distritos de Independencia, Comas, El Agustino y San Juan de Miraflores transportan diariamente a 2 millones de personas y los conectan con las estaciones de trenes. Del mismo modo, en los distritos “llanos”, los buses alimentadores (en base a gas) llevan millones de pasajeros a dichas estaciones. Todo está conectado, bien nos movilicemos desde casa en bus, teleférico o tren. También existe una red cicloviaria que permite desplazarnos de modo seguro hacia cualquier punto. Se calcula que tenemos ya unos 400 kilómetros de ciclovías.

Como todos los días tengo que recorrer una distancia relativamente larga hacia mi trabajo, me dirijo con mi bicicleta a la estación del bus alimentador, los que sólo realizan distancias cortas. Espero unos 3 minutos y tomo el bus que me lleva a la estación del tren más cercano. Previo a ésto, he solicitado al conductor me permita enganchar mi bicicleta a la parte delantera del bus. Como observo que ya está ocupado por otros usuarios, opto por engancharla en la parte posterior. También he hecho el pago respectivo al abordar con mi tarjeta TransLima, la que está enlazada digitalmente con mis datos, sobretodo porque soy un usuario del sistema LimaBici.

Llego a la estación del tren, desengancho mi corcel de metal y abordo el tren junto con mi bicicleta. Ubico la bici en los espacios definidos para tal. Me dirijo hacia el Sur. Los trenes no son ni elevados ni subterráneos, van a nivel junto con los demás vehículos. Ello con la finalidad de constituirse en la columna vertebral del transporte y al mismo tiempo, de ordenar la congestión vehicular, disminuyendo la jerarquía que tenía el automóvil particular. Gracias a ello, las combis y coasters, así como el viejo sistema Metropolitano, han desaparecido. También mucha gente prefiere dejar su vehículo en casa ya que el sistema de transporte público nos permite llegar muy rápido. El recorrido de 40 kilómetros me toma algo de media hora. Desciendo del tren y procedo a pedalear por las ciclovías y ciclocarriles disponibles a lo largo de lo que me queda de ruta. En las zonas donde no hay ciclovía o ciclocarril definido, la convivencia con los conductores de automóviles es flexible. Ya no existe el conflicto que se sentía años atrás.

El lugar adonde voy posee un estacionamiento municipal de bicicletas, completamente cerrado por seguridad y para evitar las posibles garúas del invierno. Utilizo mi tarjeta (enlazada con mi DNI) con la cual abro la compuerta y encadeno mi bicicleta en alguno de los 40 espacios acondicionados. El sistema graba la hora de entrada y cierre. La cámara ha almacenado mi presencia en ese acto. Cierro la compuerta y camino hacia mi destino. He llegado rápido y seguro.

Al salir del trabajo y volver al estacionamiento para bicicletas, noto que tengo una llanta desinflada y no he tenido cuidado en traer una cámara de respuesto. No me queda otra alternativa que dejar la bicicleta hasta el día siguiente. Pero, ¿ahora como me desplazo hasta la estación de tren? Felizmente, hay una estación de préstamo de bicicletas en una plaza cercana. Con mi tarjeta TransLima extraigo una bicicleta del Sistema “LimaBici”, el que es gratuito y previa inscripción. La razón por la cual es gratuita es porque los usuarios de bicicleta “descargan” el flujo de pasajeros de los buses y trenes. Me dirijo con la bicicleta alquilada a la estación del tren. Al llegar, dejo la bicicleta en la estación LimaBici colindante a la estación del tren.

Abordo el tren y vuelvo al norte, llego a la estación de tren más cercana a mi casa y ahí vuelvo a tomar otra bicicleta del sistema LimaBici para dirigirme a mi domicilio. Puedo llevarme la bicicleta a casa porque la misma tiene un transmisor GPS que permite a los miembros de seguridad del sistema donde está ubicada exactamente. Como ven que el que lo alquilo es mi persona y como la posición de la bicicleta hace referencia a mi casa, optan por no iniciar una búsqueda sabiendo que la devolveré al día siguiente. De hecho, el plazo máximo para utilizar la bicicleta LimaBici es de un día.

Al día siguiente y llevando mi neumático de repuesto tomo la bicicleta alquilada para ir a mi trabajo. Nuevamente en la rutina, pero con la tranquilidad de que vivo en una ciudad con verdadera MOVILIDAD SOSTENIBLE.

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