miércoles, 5 de mayo de 2010

El Metro que no fue

Donado al Facebook por Roberto Castro Vexler

LIMA |
Como historiador frustrado que soy, una de mis manías es comprar revistas viejas en el centro de Lima (bueno, eso lo hacía más cuando no tenía dos trabajos y sí más tiempo, además de pasar más piola) para luego releerlas cuidadosamente. Es un ejercicio que sirve mucho, pues uno comprende bastantes cosas y también se ríe mucho de las cosas que hicieron determinados personajes, sobre todo durante la patética dictadura de Velasco.

Me pongo a mirar una revista Caretas de mayo de 1974 y me topo con un tema muy actual: el tráfico y el Metro para Lima. He escuchado mucho la historia de que Belaunde rechazó un proyecto de la francesa Alsthom durante su primer mandato, pero aquí el artículo se trata sobre una iniciativa de un Consorcio Metro-Lima, cuya cara era el ingeniero Carlos Maraví. Eran tiempos en que los VW, los Dodge Koronet (que era el coche que usaban los milicos), los Toyota Corona, Datsun, Daihatsu y Hillman (los únicos carros autorizados por la tiranía al ser ensamblados localmente) recorrían la ciudad raudamente. ¡Ancón estaba a media hora! No se conocían los atascos (nos quejábamos por gusto), podías salir a cualquier lado con tan sólo 10 minutos de anticipación y tenías encima estacionamientos libres para cuadrar por doquier.

El diseño del Metro era interesante y consistía en cuatro líneas. La primera arrancaba de Comas, cruzaba el Rímac, transcurría por debajo de la avenida Abancay hasta Emancipación, seguía por Lampa, Wilson y la Arequipa hasta acabar a la altura de la avenida México en el Zanjón, de donde se convertía en un tren de superficie rumbo a la Panamericana Sur (donde se suponía que acabaría el Zanjón), hasta su estación final de San Juan de Miraflores.

La segunda línea salía de Aviación con Javier Prado, pasaba por el Hospital Dos de Mayo, seguía por Emancipación, Plaza Castilla, Argentina, Colonial y acababa en Faucett.

La tercera línea salía del Rímac y discurría por Tacna, Wilson, 28 de Julio y Salaverry hasta la Residencial San Felipe, acabando en Javier Prado. Y el último tramo salía del Mercado Mayorista de La Victoria rumbo a la avenida Brasil, Mariano Cornejo, Avenida Universitaria, Amézaga, Colonial y moría en Faucett. Evidentemente, estos trazos serían muy reformulados hoy en día.

Según los cálculos, esta obra costaba en aquel tiempo unos $850 millones (unos $3 mil millones de hoy en día) y su primer tramo estaría recién listo en 1981.

Lamentablemente, la dictadura militar estaba más ocupada en comprar armas para la guerra con Chile (y también seguramente para repartirse las suculentas comisiones que suelen acompañar a estas adquisiciones) que felizmente Velasco no pudo concretar. O para gastar estúpidamente $1,000 millones en un oleoducto sobredimensionado (y que hasta ahora no se acaba de pagar a los japoneses), porque aquí vino un alemán consultor charlatán que les narró el cuento a los militares de que nuestra Amazonía tenía tanto petróleo como Venezuela. Lo más cuerdo hubiera sido sacar ese crudo en barcazas al Atlántico por el río Amazonas y vendérselo a Brasil o a quien sea, pero los velasquistas tenían unos complejos refundacionistas y faraónicos, que se pueden adivinar en soviéticas edificaciones excesivas de aquellos infaustos tiempos, como la Torre de Lima, el Pentagonito, el ex Ministerio de Pesquería (hoy Museo de la Nación), el edificio de Petroperú, etc.

En lugar de despilfarrar estúpidamente miles de millones (y endeudarnos hasta el cogote con la banca internacional, lastre que nos persiguió hasta los 90) en armas, el oleoducto, subsidios indiscriminados y cojudeces por el estilo, los militares velasquistas debieron dejar una obra que valiese la pena, como un Metro limeño. Pero eran tan brutos y prepotentes que no se les pasó por la cabeza. ¡Maldito seas, Velasco! ¡Cuánto daño hiciste!

Correo

3 comentarios:

  1. Mínimo debes poner el autor del artículo.
    Aldo Mariategui.

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  2. De hecho lo pondria pero no sale cuando le haces click en el enlace de correo, es mas no dice quien es el autor.

    Por esa razon puse el enlace de Correo.

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  3. La empresa mencionada allí (Alsthom) fue la que efectivamente construyó la línea 1 del Metro de Caracas, precisamente en la misma época que refiere este artículo (finales 70, inaugurado en 82)

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