martes, 5 de enero de 2010

RINCÓN DEL AUTOR - Eso somos

Por: Mariella Balbi

La Municipalidad de Lima emitió el domingo la Ordenanza 1338, que dizque reglamenta el caótico transporte público. La buscamos en “El Peruano”, diario oficial, mas no han actualizado su web, seguro respetan el día de guardar. No todos los medios escritos la consignan y quienes lo hacen enfatizan las sanciones que tendrán los transportistas, S/.720 por no recoger pasajeros, el mismo monto por detenerse para “cargar” víctimas. Otro tanto por ir con las puertas abiertas y ese tipo de detalles que jamás formalizarán la porquería de transporte público que soportamos los limeños.

Así las cosas, la norma debió salir el Día de los Inocentes porque muchas de sus disposiciones son una verdadera tomadura de pelo, tanto para los sacrificados usuarios del transporte público en Lima como para quienes transitan codo a codo con este y conviven, claxon a claxon, “cerrada a cerrada”, mentada a mentada de progenitora y aspiran todo el universo lingüístico y pasional que puede generar el caótico, además de perverso, tránsito limeño.

Solo un medio consigna las declaraciones del gerente de Transporte Urbano de la comuna limeña, quien afirma que para acceder a una nueva ruta la compañía debe ser dueña, como mínimo, del 90% de la flota requerida. También que las nuevas unidades solo podrán tener tres años de antigüedad. Pero eso es a futuro.

El funcionario municipal debería decirnos qué harán con el costoso presente que padecemos. Agrega, con candor o desconocimiento, que la Municipalidad de Lima ¡no quiere “evitar el ingreso de más empresas de transporte público ahora que está por funcionar el Metropolitano”! Plof, “zambomba”, scrash. ¿Dónde entrará tanto microbio? Tenemos tantas rutas como deseos con los que soñamos. Es un infierno y sin aire acondicionado además.

El presidente García elogia el mutismo del alcalde de Lima, quienes toman microbús o quienes vemos ¡20 “micros” en tan solo una cuadra! condenamos el silencio del burgomaestre. No sabemos si la 1338 fue coordinada o conversada con los aguerridos choferes. El clamor unánime de los limeños es que nos digan qué hará nuestro insonoro alcalde con unidades que cargan solo a 20 personas, qué pasará con la mayoría de micros que expulsan monóxido de carbono, vía altamente segura para un penoso cáncer al pulmón. El llamado Metropolitano parece ser la niña de los ojos del burgomaestre limeño, pero según estudios no absorberá ni absuelve más del 15% del transporte en Lima. Además demora los meses que la niña y la administración edilicia quieren. El sigilo del alcalde para atacar el macabro transporte público de la capital tiene solo un fin: no abrirse flancos políticos y no perder popularidad. ¿Es esa la función del alcalde de una capital con nueve millones de almas torturadas diariamente por el tránsito? Aunque sea unas palabritas serían positivas.

El Comercio

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