Estaciones de la Linea 2

viernes, 6 de marzo de 2015

Lima: Ciudad muda, por Alberto Valenzuela

Lima ha pasado de tener una visión de ciudad superficial y poco aterrizada durante la gestión Villarán, a tener hoy una visión tan muda e invisible como su actual burgomaestre.
Más allá de los cuestionamientos políticos que tradicionalmente trae un cambio de gestión –“¿cuál reforma del transporte?” o “encuentro un municipio quebrado”-, la administración Castañeda aún no ha dejado en claro hacia dónde vamos como ciudad, probablemente con el fin de recurrir a la sorpresa de la inauguración de obras incompletas e inconexas, como aquel ofrecimiento de un Metropolitano de tan solo 15 km en una vía de 101 (Panamericana norte, sur y Vía de Evitamiento).

Todo parece indicar hasta ahora que esa será la característica de la nueva gestión, más aun teniendo como antecedente la inauguración del Metropolitano 1 en el 2010, incompleto y con solo dos tercios de los 38 km planificados. El mismo que, por cierto, ha originado más de US$100 millones en demandas arbitrales a la comuna metropolitana en los últimos años. Frente a este tipo de decisiones surge con ansiedad la pregunta: ¿y quién completará los 86 km que faltan para integrar a los vecinos de Pucusana y Ancón a un transporte público ordenado y seguro? ¿Acaso Lima empieza en el trébol de Javier Prado en Surco y termina en el Óvalo de Habich en San Martín de Porres?

Esta es la consecuencia de no tener una visión de ciudad. Una idea clara y compartida de hacia dónde vamos y una estrategia que busque integrar a la capital y administrar su crecimiento. Lima no empieza ni en Surco ni en Ate o Villa El Salvador. Las fronteras de una Lima que crece más allá de los egoísmos de sus políticos del siglo pasado están en Cañete, Huarochirí y Huaral.
Una visión de ciudad debe contemplar el desarrollo integrado de vivienda y transporte público masivo de buses y metro desde estas jurisdicciones. Eso no sucede hoy, cuando la pretensión de vender viviendas determina dónde y cómo se construye, donde el modelo comisionista-afiliador del transporte público que creíamos desterrado retorna tras una imprecisa e improvisada ordenanza (1876) aprobada hace unos días por el actual Concejo.

Tras estos primeros 60 días, la administración Castañeda ha dejado entrever lo que intentará hacer en el corto plazo: continuar las obras emblemáticas -iniciadas o retomadas durante el periodo Villarán- como intercambios y túneles viales en Evitamiento y Panamericana norte y sur, la ampliación de la carretera Ramiro Prialé, los túneles Santa Rosa y San Martín o los puentes como Bella Unión y Dueñas. Pero lo que Lima necesita es un alcalde para administrar su futuro en lugar de un efímero vocero de túneles y viaductos.

La actual gestión ha postergado hasta ahora el compromiso de afrontar o continuar las reformas que la ciudad exige: transporte, comercio mayorista, seguridad y expansión urbana. Parece que el gran esfuerzo de control y propuesta desplegados por la oposición en el concejo pasado se hubieran desvanecido con la llegada de la nueva gestión. Así, la exigencia de más orden en la ciudad y de servicios públicos de calidad ha sido gravemente afectada.

Hoy se sabe muy poco de los planes que tiene para la ciudad su actual burgomaestre. Lamentablemente, en este escenario, llama poderosamente la atención la ausencia del control técnico y político de la actual oposición en el Concejo. En definitiva, hoy existe mucho menos fiscalización que en la gestión Villarán. Esta vigilancia tendrá que venir de la prensa y la sociedad civil sin ninguna duda, pero enfocada no solo en la transparencia y el buen manejo de los recursos, sino también en el avance de las reformas que la ciudad con urgencia necesita.

http://elcomercio.pe/opinion/columnistas/lima-ciudad-muda-alberto-valenzuela-noticia-1795687 

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