Estaciones de la Linea 2

jueves, 1 de mayo de 2014

Editorial: Atropellada de inversiones

Los peruanos aficionados a la hípica saben bien lo que es una “atropellada”: lo que pasa cuando un caballo que iba atrás, rezagado en la carrera, de pronto se acelera y comienza a pasar a los que iban delante de él, logrando incluso, en las buenas atropelladas, pasar a todos.
Pues bien, el Gobierno viene de pegar una atropellada notable en lo que toca al tema de las concesiones, batiendo todas las cifras de los gobiernos anteriores –y de lejos–. En efecto, en los últimos meses Pro Inversión ha adjudicado concesiones por un monto de US$11.799 millones (contando la otorgada ayer para el puerto de Pisco). De esta forma, ha superado en casi 50% al monto total de lo concesionado durante todo el período de Alan García (US$7.855 millones) y ha más que cuadruplicado lo concesionado por Alejandro Toledo (US$2.512 millones).


Esta es sin duda una noticia por la que hay que felicitar al Gobierno. Y nosotros lo hacemos con la misma intensidad con la que lo criticamos cuando se estaba quedando totalmente rezagado en el tema. Después de todo, estas inversiones son esenciales para despejar uno de los principales obstáculos que hoy enfrenta nuestro crecimiento: la brecha de US$88.000 millones que, según la Asociación para el Fomento de la Infraestructura Nacional, tenemos en transportes (la mayoría de proyectos entregados pertenece a este rubro). Además, la infraestructura de comunicaciones tiene un efecto particularmente directo en la reducción de la pobreza, como lo ha vuelto a demostrar el caso del aumento de la productividad que han tenido las zonas rurales de nuestra sierra en la década pasada y que Richard Webb ha documentado en su libro “Conexión y despegue rural”. Las comunicaciones acercan personas y recursos y, por lo tanto, generan nuevos mercados y posibilidades de crear riqueza. Especialmente cuando se trata de proyectos cuya demanda potencial no ha sido solamente declarada por un planificador estatal, sino más bien certificada por empresas privadas dispuestas a jugarse parte de sus recursos en ellos.

Mejor aún, la atropellada del Gobierno en este tema ha tenido lugar a medio camino –todavía le quedan algo más de dos años al Ejecutivo– y no ya cuando está por acabarse la carrera, como suelen darse las atropelladas hípicas. Esto deja todavía mucho espacio para aprovechar la viada y sumar de una manera más sistemática a lo súbitamente acumulado en los últimos meses. Aún está pendiente para este año la concesión del gasoducto sur peruano y la línea de transmisión Moyobamba-Iquitos, junto con algunos otros proyectos menores. Y la cartera ya formulada hasta el primer trimestre del 2015 sería del orden de US$4.655 millones. Pero esto podría crecer, habida cuenta de que Pro Inversión ha constituido el Comité Especial de Proyectos de Inversión Pública (Cepip) que está formulando una docena de proyectos por más de US$13.000 millones que incluyen algunos en sectores de servicios como salud y educación.

Si algo habría que criticar, eso sería que se haya perdido tanto tiempo antes de comenzar con esta ofensiva de inversión privada en grandes proyectos de infraestructura pública. Ha habido dos años y medio de gobierno en los que se hubiera podido sumar con consistencia a este récord y que se dejaron pasar casi sin concesionar nada, mientras que las brechas permanecían ahí, limitando el crecimiento y la disminución de la pobreza. De hecho, si en tan poco tiempo se ha podido “compensar” esto con una cifra como la mencionada, ello ha sido en gran parte porque uno solo de los proyectos concesionados este año –la línea 2 del metro de Lima– ha sumado casi US$6.000 millones, con lo que con solo un proyecto el Gobierno ha logrado más del 50% de su cifra récord.

No obstante lo anterior, se ha demostrado que hay una decisión política para hacer de las asociaciones público-privadas un instrumento clave para cubrir la brecha de infraestructura que tiene el país y que el Gobierno sabe cómo concretarlas. Como consecuencia, en los próximos años entrarán a trabajar a nuestra economía, en proyectos productivos, varios miles de millones de dólares más que de otra forma no hubiesen estado en ella. Para los que creemos que más vale tarde que nunca, este es, entonces, un momento de felicitaciones. Sobre todo si eso que ha llegado tarde ha llegado para quedarse.

http://elcomercio.pe/opinion/editorial/editorial-atropellada-inversiones-noticia-1726402

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