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lunes, 2 de mayo de 2016

AV ABANCAY ES UN DESORDEN Y CAOS GRACIAS A CASTAÑEDA LOSSIO INCAPAZ QUE NO TRABAJA


No hace falta ser un especialista en transporte para concluir que el reordenamiento de la avenida Abancay, que impulsó la gestión de Susana Villarán, en el 2011, ha retrocedido y ahora los choferes de taxis y colectivos informales invaden esta vía con absoluta impunidad.
Desde los años 90, la Av. Abancay –donde se encuentra el Congreso de la República y el Ministerio Público– es considerada la más caótica del Perú. Unos 3.200 vehículos circulan cada hora por esta vía de 1,5 kilómetros de largo y 11 cuadras. En el 2011, la comuna de Lima decidió ordenar la avenida, sin embargo, cinco años después, el caos impera.
“Instalamos 14 paraderos, que se dividían por letras: A, B y C. En cada uno de ellos se podía estacionar un grupo de microbuses para evitar embotellamientos. Los choferes tenían solo 15 segundos para recoger pasajeros”, indicó Gustavo Guerra García, presidente de Pro Transporte durante la gestión de Villarán.

Infierno vuelve a Abancay: caos en la primera Av. reordenada

El ex funcionario sostuvo que en su gestión se contrataron 200 inspectores municipales para que impusieran sanciones a los taxis y colectivos que invadían los carriles exclusivos para  los microbuses en la Av. Abancay. También para los vehículos que no respetaban los paraderos.
“Antes del reordenamiento, los vehículos tardaban  media hora en cruzar las once cuadras; después, el promedio era de ocho minutos”, señaló Guerra. El cambio en la vía era necesario porque en esa arteria se iba a implementar el corredor San Juan de Lurigancho-Av. Brasil. Era un primer paso.



–La cultura del más vivo–
El miércoles a las 6:15 p.m., esta redactora subió a un casi destartalado microbús en la cuadra 1 de la Av. Abancay y tardó 34 minutos en llegar a la cuadra 11. El chofer, un hombre con la camisa semiabierta, se detuvo en todos los paraderos, pese a que solo le correspondía hacerlo en los de la letra A.
“Si no hay inspectores, tengo que parar para recoger más gente, además esos paraderos con letras ya no se respetan desde hace seis meses”, señaló el conductor.

Lo que dijo el chofer no es mentira. La anterior gestión instaló letreros azules en cada paradero (A, B y C)indicando los códigos de los microbuses que debían estacionarse en esos lugares.
“Antes esos códigos eran letras, ahora son números. Castañeda lo cambió todo y esos letreros están por las puras”, precisó otro conductor de un bus, que se quejaba porque los taxis informales no le permitían avanzar.


–Impunidad pura–
Este Diario encontró a solo tres inspectores en la avenida. Ellos revelaron que no cuentan con actas de control para imponer sanciones a los conductores infractores. Lo único que hacen es mover sus manos en señal de avance.
“No tenemos las actas y hacen falta más inspectores. Cuando le llamo la atención a un chofer porque infringe el tránsito, me responde: ‘No respeto a la policía, ¿te voy a respetar a ti? Fuera de aquí’”, contó un inspector. La policía está ausente en este lugar.
El comercio ambulatorio tampoco se ha erradicado en esta arteria, mientras que el número de vehículos informales ha crecido. Hay colectivos para Comas, San Juan de Lurigancho y Callao que transitan por la avenida.


Alfonso Flórez, de la ONG Transitemos, remarcó: “Mientras que la fiscalización decrece en una vía, el caos impera”.
Cuando asumió el cargo, una de las medidas del alcalde Luis Castañeda fue reducir el número de inspectores. “Se trata de una vía que registra un alto nivel de contaminación sonora y ambiental”, señaló José García, ex jefe del Plan de Desarrollo Urbano para Lima.
La Municipalidad de Lima no dio su versión por el caos en esta avenida, pese a que este Diario se lo solicitó.


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