Estaciones de la Linea 2

lunes, 5 de octubre de 2015

Directora del Museo de Arte, anuncia que el MALI busca tener un acceso directo a la Estación Central de la L2

Gracias a Tecsherman

La semana pasada inauguramos las salas permanentes del Museo de Arte de Lima (MALI), renovadas gracias a un importante aporte del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, a través del Plan Copesco Nacional. Son treinta y cuatro espacios que permiten recorrer lo que sin duda es la mayor colección de arte peruano en el mundo. Con esta obra el MALI consolida su lugar como uno de los principales museos de América Latina. Pero si bien se cierra un capítulo en la historia de la institución, estamos por empezar una nueva etapa de integración al proceso educativo y al desarrollo del turismo en la capital. Esa no es una tarea fácil, y no lo será mientras nos mantengamos, físicamente, como un islote aislado en la trama urbana.

Es necesario imaginar un nuevo horizonte para el museo y para la ciudad. El punto de partida para nosotros es el concurso de arquitectura que convocaremos a fines de año para el diseño de una ampliación a subsuelo, que será ejecutada sobre el hemiciclo adyacente al Palacio de la Exposición, terreno que nos ha sido concedido por la Municipalidad Metropolitana de Lima. En este contexto, hemos iniciado conversaciones con la Autoridad Autónoma del Tren Eléctrico, entidad que tiene a su cargo la ejecución de la línea 2 del metro, para incorporar la salida de la estación proyectada frente al museo al concurso de arquitectura. Pues el reto no es solo el de crear espacios adecuados para albergar las colecciones del museo, sino integrarnos a un espacio urbano que todavía es difícil e incluso inhóspito. La articulación con el nuevo metro promete, sin embargo, abrir nuevas y mejores perspectivas para esta zona de la ciudad. 
Es la ocasión de recuperar los ejes perdidos de la capital. A lo largo del siglo XX la falta de una visión de largo plazo consiguió hacer de Lima una ciudad sin horizontes, construida sobre el caos y la fragmentación. Así como el trazado de grandes avenidas destruyó parcial o totalmente monumentos coloniales como las iglesias de Santa Teresa y Santa Rosa, o el convento de San Francisco, también el Parque de la Exposición fue gradualmente mutilado por la construcción del Paseo Colón, la avenida Wilson y el Paseo de la República. Hoy no queda más que la sombra de ese gran parque, que quedó marginado de La Victoria y desarticulado del Parque Neptuno y del Paseo de la República. Es indispensable recuperar una visión integral, que permita transformar positivamente esta pérdida en una verdadera oportunidad.
Para ello, tenemos que imaginar el impacto urbano que tendrán losnuevos sistemas de transporte. La estación de la línea 2 del metro hacia el Paseo Colón, que se espera sirva también a la anunciada línea 3 y que se vincula de forma subterránea con el Metropolitano, convertirá a la plaza Grau en el corazón del transporte público de Lima. Esta gran inversión no debe verse como una acción aislada. Millones de personas transitarán por estos espacios y continuarán teniendo las mismas dificultades para sortear los obstáculos que se imponen al tránsito peatonal en todo el gran eje de acceso al Centro Histórico. 
Transformar esta situación no es difícil. Todo parte de poder visualizar una ciudad diferente. Imaginemos por un momento un conjunto de acciones que permitan integrar esos islotes en un gran eje peatonal y ciclístico que articule todos los atractivos culturales, museos y monumentos históricos que se encuentran en el recorrido que parte del Campo de Marte y termina en la Alameda de los Descalzos: el museo de la Catedral, el Museo de Artes y Tradiciones Populares, San Francisco o el Centro Cultural de la Universidad de San Marcos, por citar solo algunos pocos entre las decenas de puntos de interés que se encuentran en esta ruta. Imaginemos obras de infraestructura, como puentes y pasos a desnivel, pero también cambios en la gestión de flujos del tránsito para privilegiar al peatón, un trabajo sistemático de señalización e información, medios de seguridad, programas culturales, entre otras acciones que deben ser coordinadas desde diversas instancias. Aislados, nuestros museos y monumentos no tendrán nunca gran impacto en la vida de la ciudad; incorporados a un gran paseo urbano, pueden constituir un espacio de esparcimiento y un producto turístico sin paralelo en el continente.
Para ello es necesario pensar en un proyecto integral, que sea concebido como parte de un concurso internacional de arquitectura y urbanismo (como debería hacerse para toda obra pública y, sobre todo, para espacios claves como el eje que nos ocupa o como la Costa Verde). El Ministerio de Cultura, que ha visto inmediatamente el impacto potencial que este gran eje tiene para la recuperación y puesta en valor del patrimonio inmueble de Lima, ha expresado ya su interés por promover esta propuesta desde el Gobierno Central. También la Municipalidad de Lima y el Patronato del Rímac están interesados en la idea, sobre todo en momentos en que se viene de llevar a cabo en Lima el seminario sobre la revitalización del patrimonio cultural de los centros históricos. Solo un trabajo concertado permitirá activar un paseo que concentra los mayores atractivos de Lima como ciudad histórica y destino turístico. Pocas capitales tienen ese potencial. Es hora de empezar a ver lo que tenemos delante.

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